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Los valores del mundo actual a la luz del propósito de Dios

23 July 2018 1 Comentario

C. René Padilla

Un problema común en el mundo religioso es la tajante separación que se hace entre la vida espiritual y la vida cultural, socioeconómica y política. Esta actitud expresa la lamentable dicotomía entre lo secular y lo sagrado presente en múltiples campos de la actividad humana. Por ejemplo, cuando mantenemos una marcada distinción entre “pastores” y “laicos” sin tomar en cuenta que los unos y los otros son miembros del pueblo (en griego laos, palabra de la cual se deriva “laico”) de Dios.

La vida cristiana no se vive en una burbuja que mantiene a los creyentes separados del mundo, ajenos a los desafíos que plantea la vida cotidiana tanto a nivel personal como a nivel social. Se vive en el mundo, condicionados por valores culturales, socioeconómicos y políticos que permean la sociedad y que se reflejan en la manera de pensar y en el estilo de vida de los miembros de esa sociedad. A quienes tomamos en serio nuestro compromiso con Jesucristo esto nos plantea el desafío de estar en el mundo sin ser del mundo, que fue uno los temas de la oración sacerdotal de Jesucristo por sus discípulos: “Yo les he entregado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo” (Jn 17:14-16).

Esa oración nos coloca frente a una pregunta que no podemos evadir: ¿Cómo podemos estar en el mundo sin ser del mundo? En mi opinión, la mejor respuesta es la que provee el apóstol Pablo cuando les exhorta a los creyentes en Roma: “Tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden a este mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Ro 12:1-2).

La exhortación paulina nos sugiere dos preguntas relacionadas con nuestro tema. En primer lugar, ¿cuáles son los valores que permean la sociedad actual, a los cuales no debemos amoldarnos? En segundo lugar, ¿cuál es “la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” para la vida humana?

Me animo a sugerir que los valores predominantes en el mundo a lo largo de los siglos y actualmente se resumen en tres palabras: sexo, dinero y poder. Veamos brevemente lo que estas palabras representan.

(1) Los apetitos que caracterizan al ser humano son impulsos instintivos que exigen la satisfacción de alguna necesidad o deseo natural. El apetito sexual, como todos los apetitos, es un don de Dios, pero para ejercerlo debidamente tiene que ser encauzado de acuerdo con el propósito de Dios al crear tanto al hombre como a la mujer a su imagen y semejanza (Gn 1:27): hacer posible no sólo la reproducción de la especie humana sino también la complementación mutua entre dos seres humanos semejantes y a la vez diferentes entre sí. Sin embargo, si el apetito sexual no se ejerce según el propósito para el que Dios lo diseñó, conduce a abusos sexuales que destruyen a las personas y aumentan los problemas sociales.

(2) El dinero es un medio de intercambio convencional de bienes materiales generalmente aprobado legalmente. Aunque abre puertas a beneficios necesarios para sustentar la vida diaria, con demasiada frecuencia su función se desvirtúa porque se lo pone al servicio de la avaricia, que es la causa principal de la pobreza. No es exagerado afirmar que la pleitesía al dios Mamón tarde o temprano conduce a la injusticia e institucionaliza la desigualdad entre ricos y pobres. Lamentablemente, no se puede negar que la creciente brecha entre ricos y pobres alrededor del mundo y a nivel local es actualmente el mayor obstáculo para la democracia. Como reconoce el multimillonario George Soros, quien hizo fortuna en los mercados financieros, “el crecimiento sin control del capitalismo laissez-faire y la extensión de los valores del mercado a todas las áreas de la vida ponen en peligro nuestra sociedad abierta y democrática. . . . el mayor enemigo de una sociedad abierta ya no es el comunismo sino la amenaza capitalista”.

(3) El poder como capacidad que supera todo tipo de discriminación racial, social o sexual y se usa para alcanzar objetivos que realmente benefician a las personas a nivel personal o comunitario es deseable. Sin embargo, las palabras de Jesús a sus discípulos en cuanto al mal uso del poder en el campo socioeconómico y político mantienen su vigencia en el mundo actual: “Como ustedes saben, los jefes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad” (Mr 10:42). La consecuencia del mal uso del poder es la opresión.

Frente al desafío que plantean los valores del mundo actual en relación con el sexo, el dinero y el poder, los seguidores de Jesucristo como nuestro Señor y Rey estamos llamados a no amoldarnos a esos valores. Más aún, estamos llamados a una suerte de metamorfosis espiritual que haga de nosotros personas que, movidas por hambre y sed de justicia, luchen por el bien común, y así ejemplifiquen la práctica de los valores que se hicieron carne en Jesucristo, modelo del ser humano nuevo.

 

1 Comentario »

  • victor said:

    me parece muy apropiado sus comentarios y concuerdo con la veracidad de las palabras de Jesus y celebro su vindicacion .

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