Comunidad

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En el Centro Kairós funciona un espacio de convivencia comunitaria constituido por familias y amigos donde poder vivenciar la unidad del Cuerpo de Cristo, por encima de las barreras nacionales, raciales, culturales y denominacionales. Nos proponemos alentar valores como la reconciliación, la justicia, la conciencia ambiental, la amistad con Dios, el cuidado mutuo y la sencillez como estilo de vida.

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Nos gustaría que lo normal fuera prestar atención al dolor de los demás. Estar atentos a que las personas que nos rodean no estén tristes, ni sufran necesidades ni se sientan solas. Una vida así. Y entonces, para empezar, decidimos vivir cerca. Así podemos ayudarnos, compartir comidas, ver lo que el otro necesita, pedir ayuda, aprender y desaprender, tomar mate y hacer planes para cambiar el mundo y sus alrededores. Con permiso mutuo para avisar y ser avisados si nos equivocamos. Renunciando a ese cómodo respeto que se termina convirtiendo en indiferencia. Es decir, compartir un poco la vida. No decimos que sea fácil hacerlo. Sólo que es mejor.
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Queremos ser capaces de no comprar algo si no es realmente necesario. Y aprender a ver al dinero no como una meta sino como un medio, que debe ser usado con cuidado para el bien de todos. No creemos que el éxito económico sea un gran proyecto de vida. Además, ¿por qué no elegir y valorar todo lo que puede disfrutarse gratis? Y también, ¿no estaría bueno destinar parte de nuestros ingresos a proyectos que beneficien a los más pobres? Para aprovechar mejor los recursos y evitar el consumo innecesario, nos gusta unirnos para comprar provisiones y practicar el uso común de algunas cosas. ¡En la era del individualismo, compartir una manzana es revolucionario!
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Nos gusta cómo Jesús cuestionó a la religión. Cómo se despegó de lo establecido y se dedicó a proponer otro mundo, una manera diferente de llevar la existencia y las relaciones, incluyendo la relación con Dios. Creemos que en la oración ocurre algo, y que recuperar la dimensión espiritual es bueno. Especialmente para las personas con ideales, porque ¿cómo cambiar la realidad si nuestros corazones no cambian? Pero religiosidad no. Escapar del mundo, manipular o juzgar a los demás, son cosas que conocemos y no queremos. Lo que queremos es disfrutar de esa presencia discreta, ese abrazo, esa inteligencia capaz de diseñar una margarita.
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Promover relaciones de amistad entre personas y grupos. Buscar y hacer crecer las posibilidades del contacto y la cooperación entre personas de distinta ideología. Trabajar para hacer desaparecer la diferencia más grave de nuestro tiempo, que no es la diferencia entre los que piensan de un modo y los que piensan de otro, sino la que existe entre quienes pueden querer al que piensa distinto, y los que todavía no pueden.
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Quizás no sepamos muy bien cómo hacerlo. Pero siempre podemos unirnos a quienes saben más. Además, creemos que sería bueno mantenernos atentos, alertas e informados. Y dispuestos a colaborar con proyectos y estrategias comunes de acción. También nos gustaría ayudar a promover la honestidad personal en este tema: evaluar los modos en que vivimos, y pensar maneras alternativas de obtener alimentos y energía. Soñamos con un mundo, un país o una red de amigos que, con sus decisiones diarias, procure reparar algo de todo el daño que nuestra civilización ha hecho al planeta, y el sufrimiento provocado a otras especies.
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Estar dispuestos a hacer algo en favor de las personas maltratadas, discriminadas, víctimas de injusticias. Cultivar la simpatía con los pobres, con los que tuvieron pocas oportunidades o ninguna, con los que perdieron. Asumir que los afortunados, los bien alimentados, los abrigados, los que pudimos aprender a leer y a trabajar, tenemos una deuda de afecto y hermandad con quienes no tuvieron la misma suerte. Y mantener el ojo puesto en esas estructuras sociales y económicas que dan por natural la desigualdad de oportunidades. No dejarnos convencer. No aceptarlas como justas, ni verdaderas, ni invencibles.