LOS ÉNFASIS DE LA PREDICACIÓN EVANGÉLICA PDF Imprimir E-mail
LA BIBLIA es un libro profético que recalca la proclamación del mensaje de Dios. Contiene muchos ejemplos de predicación. En los cuatro últimos números de Misión hemos escogido ejemplos del Antiguo Testamento; esta vez usaremos 1 Pedro 1.10-2.10 con el propósito de establecer cuáles deben ser los énfasis principales de la predicación evangélica.

 

LOS ÉNFASIS DE LA PREDICACIÓN EVANGÉLICA

 


Mervin Breneman

 

LA BIBLIA es un libro profético que recalca la proclamación del mensaje de Dios. Contiene muchos ejemplos de predicación. En los cuatro últimos números de Misión hemos escogido ejemplos del Antiguo Testamento; esta vez usaremos 1 Pedro 1.10-2.10.

Los comentaristas difieren en cuanto al origen de la epí­stola. Aquí­ aceptamos que 1 Pedro representa básicamente material sermónico de Pedro. Probablemente fue Silvano quien la redactó (1 P. 5.12) como amanuense de Pedro. Muchos ven en 1.3-4.11 un discurso bautismal. Aunque el libro es una epí­stola, ciertamente comunica mucho del material que Pedro predicaba, especialmente a los que estaban por bautizarse y los que acababan de ser bautizados. Así­, presenta los temas más importantes de su predicación. Para esta reflexión tomaremos solamente la sección de l.10 hasta 2.10 con el propósito de establecer cuáles deben ser los énfasis principales de la predicación evangélica.

La palabra de Dios

Lo primero que vemos es que la Palabra es el instrumento que Dios usa tanto para hacer nacer al creyente como para hacerlo crecer. "Siendo renacidos, no de simiente (Gr. spora) corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (1.23). Millones de cristianos hoy pueden dar testimonio de esta verdad. El Espí­ritu Santo usa la Palabra de Dios para que pongan su fe en Cristo Jesús.

Dios también usa la Escritura para hacer crecer al creyente. "Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual (Gr. logikón) no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación" (2.2). El Antiguo Testamento también enseña que el sustento espiritual de la vida es la Palabra de Dios.

Pedro nos recuerda que no debemos predicar nuestras teorí­as ni ideas de hombres, sino la Palabra de Dios. Nuestros oyentes necesitan y quieren sustento espiritual. No los defraudemos. Debemos asegurarnos de que nuestra prédica esté repleta de la Palabra de Dios y que la comunique bien a nuestros oyentes.

Pedro no deja lugar a dudas en cuanto a su actitud hacia las Escrituras. Su prédica está llena de citas y temas de las Escrituras, que conllevan la autoridad de Dios. Pedro habla de la inspiración de los profetas del Antiguo Testamento. "Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espí­ritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrí­an tras ellos" (1.10-11). Por cierto, los profetas usaron su propio estilo y vocabulario. Pero su profecí­a iba más allá del pensamiento humano. Ni siquiera ellos entendieron todo el significado de lo que escribieron porque fueron inspirados por "el Espí­ritu de Cristo." El mismo Espí­ritu Santo que actúa en el Nuevo Testamento obró en los escritores del Antiguo Testamento para que sus escritos tengan la autoridad de Dios.

Hoy dí­a es importante recalcar esta enseñanza porque las teorí­as crí­ticas de muchos biblistas tienden a minar la confianza en la autoridad de las Escrituras. Las consecuencias se notan en muchos púlpitos. Incluso algunos "evangélicos" son afectados por esto. Siguen predicando a Cristo, siguen fieles a su iglesia, pero carecen de una proclamación poderosa y autoritativa de la Palabra de Dios.

Con esto no queremos decir que no debemos ser estudiosos o que no debemos tomar en serio los problemas de la Biblia. Tenemos que ser honestos con los fenómenos que encontramos en estudios cuidadosos de la Biblia. Pero no debemos sustituir la autoridad de Dios por la autoridad de algún erudito. Hemos de ver de qué presuposiciones parte tal erudito. De hecho, muchos rechazan la posibilidad de milagros o de profecí­a predictiva como la que Pedro enseña. Estas "creencias" a priori determinan en gran medida sus conclusiones. Creemos que el evangélico que sigue las enseñanzas de Pedro y de todo el Nuevo Testamento debe ser escéptico en cuanto al escepticismo de muchos eruditos. Por ejemplo, las mismas narraciones repetidas en el Pentateuco, que algunos eruditos usaron para despedazarlo y ponerle fecha tardí­a (y convencieron a muchos evangélicos), ahora son usadas por otros como buenos ejemplos del arte narrativo que usa repeticiones para cumplir sus propósitos.

No inventemos una doctrina de la inspiración más rí­gida que la que las Escrituras mismas enseñan. Un ejemplo de tal rigidez serí­a la idea de que toda la Biblia fue dictada directamente por Dios. Más bien Dios usó el estilo y las experiencias de los autores y los inspiró para que sus escritos enseñen lo que Dios quiere y tengan su autoridad. Las teorí­as pueden ir cambiando, pero Pedro dice: la Palabra de Dios "vive y permanece para siempre." Lo que creemos en cuanto a la autoridad de la Biblia determina cómo la usamos.

El uso del Antiguo Testamento

Otro énfasis que Pedro nos muestra aquí­ es el uso del Antiguo Testamento. El pasaje está lleno de figuras, temas, citas y alusiones a él. Empieza mostrando que los profetas hablaron para nosotros. Después en 1.15-16 cita Leví­tico 11.44: "Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo." Más adelante, en los versí­culos 24-25, cita Isaí­as 40.6-9. En 2.6-8 reúne varias citas que tienen que ver con la "piedra." En los versí­culos 9 y 10 toma los temas del real sacerdocio y la nación santa de Exodo y Deuteronomio.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con nuestra predicación hoy? Es cierto que la iglesia primitiva no tení­a el Nuevo Testamento. También es cierto que el Nuevo Testamento se aplica más directamente al creyente, que se encuentra bajo el Nuevo Pacto. No obstante el ejemplo de Jesús y los autores del Nuevo Testamento es importante para nosotros. Constantemente usaron el Antiguo Testamento para mostrar la verdad del Evangelio y para enseñar en qué consiste la vida cristiana, como lo hace Pedro en este pasaje.

Necesitamos un uso más profundo del Antiguo Testamento en los púlpitos evangélicos hoy dí­a. Este muestra el plan de redención que se cumple en Cristo. Contiene mucha enseñanza que no se repite en el Nuevo Testamento pero que se da por sentado. Enseña una cosmovisión que es importantí­sima para la aplicación del Evangelio a nuestro mundo hoy. El Antiguo y el Nuevo Testamento forman una unidad; debemos predicar todo el consejo de Dios, es decir, toda la Biblia.

¿Cómo hemos de usar el Antiguo Testamento hoy? ¿Para qué lo necesitamos? El tema requerirí­a tomos. Brevemente podemos sugerir algunas respuestas: los cristianos necesitamos el Antiguo Testamento: 1) para legitimar, mostrar que el mensaje de Cristo es la verdad porque cumple lo prometido en el Antiguo Testamento; 2) para interpretar el Nuevo Testamento, porque muchos matices, temas, figuras y hechos del Nuevo Testamento se toman directamente del Antiguo; 3) para ilustrar las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre la obra de Cristo, la salvación (temas del éxodo) y la vida cristiana (p. Ej. 1 Co. 10); 4) para fundamentar la perspectiva de la vida, la cosmovisión que continúa en el Nuevo Testamento; 5) para "historizar" o inculcar lo histórico de nuestra fe, una fe basada en los hechos concretos de la acción de Dios en nuestra historia; 6) para enseñar acerca de Dios, el mundo, la justicia, la moralidad, etc.; 7) para integrar todos los aspectos de la vida, lo ético, lo espiritual, lo polí­tico y la esperanza futura; 8) para adorar (los salmos nos ayudan especialmente a expresar correctamente lo que sentimos hacia Dios). Si usamos bien el Antiguo Testamento y seguimos las pautas de Jesús y los apóstoles, veremos iglesias más maduras, con mayor conciencia social, y evitaremos muchos de los errores y abusos que constantemente nos atribuyen.

Hacer clara la salvación en Cristo

A veces se predica un mensaje muy vago o simplemente un evangelio de ofertas. Debemos predicar el Evangelio completo y hacerlo claro. Incluso muchos que se llaman "evangélicos" carecen de una concepción clara acerca de qué es el nuevo nacimiento, la salvación por gracia y el compromiso de vida que implica.

Veamos cuántos detalles de la salvación se incluyen en este pasaje. El versí­culo l.12 muestra que sólo se puede entender el Evangelio por la obra del Espí­ritu Santo, el mismo Espí­ritu que inspiró las Escrituras. En el versí­culo 1.15 vemos que Dios nos llamó. Somos creyentes porque Dios nos ha llamado a Cristo. El versí­culo 1.18 indica que la conversión implica un cambio de vida; y es una liberación de la vieja vida. Todo esto se logró por un gran precio, la sangre de Cristo. Pedro aclara que la salvación se basa en la obra vicarí­a de Cristo. Y según el versí­culo 1.20 el origen de esta salvación es el amor de Dios. El versí­culo 1.21 dice que sólo por medio de Cristo creemos en Dios, no hay otro camino. Además la resurrección de Cristo es el sello de esta fe y esperanza. Después el versí­culo 1.22 habla de obedecer a la verdad. Creer en Cristo es obediencia e implica que uno está dispuesto a obedecer a Dios. En el versí­culo 1.23 culmina enfatizando el nuevo nacimiento. Después, en el capí­tulo 2 prosigue enfatizando el discipulado. Todos estos detalles son importantes en la predicación del Evangelio. Debemos esclarecer qué decisiones debe tomar la gente, qué es la salvación, y qué implica en la vida cotidiana.

Todo el pasaje resalta lo gloriosa que es esta salvación. Hasta los ángeles están maravillados y quieren saber más. El pasaje termina indicando el gran privilegio de participar en ella. "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habí­ais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia."

La centralidad de Cristo

La predicación de Pedro contiene muchos temas, pero su centro es Jesucristo. Los profetas señalaron hacia El, anunciaron sus sufrimientos y su gloria. El sacrificio de Cristo nos redimió. Tanto el propósito como el resultado de la resurrección de Cristo son la fe y esperanza del creyente. Cristo es la piedra viva, el fundamento del gran edificio en el cual cada creyente es una piedra viva. Cristo también es la piedra del ángulo, que otorga valor a la vida de cada una de esas piedras vivas. Todo converge en Cristo y todo parte de El. Y todo esto es para que Dios sea glorificado. Pedro nos da un buen ejemplo. Cuando predicamos, los oyentes quieren ver a Jesús. Quieren conocerlo mejor. La predicación no es evangélica si Cristo no es exaltado y glorificado en ella.

Exhortaciones éticas

La prédica de Pedro está llena de exhortaciones sobre la vida práctica. Todo lo que hemos visto sirve como base para estas exhortaciones. El propósito de la epí­stola es mostrar la gracia de Dios y exhortar a los lectores a permanecer firmes en ella.

"Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado" (1.13). Por causa de la gran salvación que ya tenemos y por lo que nos espera cuando Cristo venga, Pedro dice que hay ciertas cosas que debemos hacer. Primero nos exhorta a la diligencia mental y la disciplina moral. Para aplicar la ética bí­blica a nuestra situación debemos reflexionar sobre los principios éticos que la Biblia enseña y pensar qué nos demandan hoy dí­a. Y este ponerlos en práctica requiere decisión y disciplina moral.

A lo largo de toda la Biblia se ve claramente que el ser humano necesita dirección ética práctica. Lo vemos en los Diez Mandamientos y en sus aplicaciones a las demás leyes. En Cristo somos nuevas criaturas; la vida cambia; pero esta nueva vida nos coloca ante la responsabilidad de tomar decisiones morales.

Esta es la tarea teológica de toda la iglesia. La teologí­a es la aplicación de los principios bí­blicos a todo aspecto de la vida. El quehacer teológico no es privativo de los pastores y lí­deres; más bien es la responsabilidad de todos los creyentes. Necesitamos una mayor orientación bí­blico-teológica de todos los cristianos, porque lo que creemos determina lo que hacemos. Los pastores, juntamente con todos los miembros de la iglesia, deben reflexionar, pensar y aplicar la enseñanza bí­blica a todas las áreas de la vida.

Pedro sigue con las exhortaciones-aplicaciones a la vida práctica. Habla de la obediencia a Dios (v. 14), de cortar la vieja vida, de ser santo como Dios es santo, de vivir con reverencia (temor), de amar a otros sinceramente. Después, en el capí­tulo 2, exhorta al crecimiento a través de la Palabra de Dios y la comunión con Cristo. Así­ Pedro da exhortaciones especí­ficas a los creyentes.

La prédica evangélica hoy también debe señalar qué implica ser santo, qué implica obedecer a Dios, qué implica amarlo a El y al prójimo. No puede quedar en generalidades; debemos aplicar las implicaciones del Evangelio a los dilemas éticos, a toda la vida práctica del individuo, la iglesia, la familia y la sociedad: "para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (2.9).

Aprendamos de los mismos apóstoles de Jesús cuáles deben ser los énfasis de la predicación evangélica.

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La Fundación Kairós es una organización sin fines de lucro cuyo objetivo es promover el discipulado cristiano y la misión integral entre las iglesias locales, desde una perspectiva evangélica y ecuménica con un enfoque contextual e interdisciplinario