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La educación cristiana en la familia

ELVIRA E. ZUKOWSKI DE RAMIREZ

ENTRE los diferentes temas cruciales para la educación cristiana se incluye necesariamente el de la familia y su responsabilidad educativa. Y es a eso que queremos dedicar nuestra reflexión en la presente nota. Luego de un breve esbozo de, la educación religiosa presentada en la Biblia, haremos una descripción de la educación en la actualidad dentro de la iglesia, para luego concluir con algunas sugerencias prácticas para la educación cristiana.

1. El modelo bíblico

Desde su comienzo la Biblia presenta el plan que Dios concibió para que la familia —creación suya— transmita su Palabra a las siguientes generaciones. En Deuteronomio 6.1-9 se describe ese plan con detalles muy gráficos. Aunque los tiempos hayan cambiando, no así los principios de Dios para la educación de la familia en su ley.

Uno de los principios que descubrimos en este pasaje es que los padres son los responsables principales de la educación religiosa de los hijos. No es cuestión de vivir la ley de Dios y dejar a los hijos a la deriva para que algún día tomen sus decisiones. Es cierto que llegará una edad en que cada hijo elegirá el camino a seguir, pero mientras los padres los tengan en su hogar tienen la responsabilidad de formarlos según la ley de Dios: "para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos... tú y tu hijo..." (v. 2).

Tampoco es cuestión de delegar esta responsabilidad. En ningún lugar de este pasaje se sugiere la idea de enviar a los hijos a especialistas o expertos para que éstos los formen en la ley de Dios. Por supuesto, el centro de las actividades religiosas (en nuestros días la iglesia) cumple un rol educativo y es un hecho que a través de la historia han aparecido diferentes departamentos o agencias para suplir necesidades y ayudar a la familia en su tarea docente. Tales actividades son positivas, pero en ningún momento pueden ocupar el lugar de los padres en su, responsabilidad educativa dentro de la familia. Este pasaje nos enseña que esa tarea debe hacerse de padres a hijos en una forma personal y directa.

Otro principio que se desprende de este pasaje es la práctica de las verdades que se enseñan "...Cuida de ponerlos por obra..." (vv. 1 y 3) significa que los padres no sólo hablarán y repetirán a los hijos la ley de Dios. Su tarea principal es ser modelos, mostrándoles en la vida diaria cómo se vive esa ley de Dios. Es de vital importancia que los padres impriman en los hijos un estilo de vida cristiano a través de todas las facetas de su existencia. Esto enseñará a sus hijos la vida cristiana mejor que todas las clases bíblicas juntas.

Por último queremos notar la importancia que Días asignó al entorno familiar para realizar la educación. La razón es que la vida de hogar ofrece innumerables posibilidades para aplicar, la ley de Dios. Tener presente y vivir la ley de Dios "estando en tu casa" (v.7), ya sea alrededor de la mesa, en el momento de quietud antes del descanso, en el tiempo de crisis o en medio de las alegrías, es tan vigente hoy como en cualquier época. Sin descartar el tiempo de educación formal en clase, hoy en día es preciso reevaluar la educación cristiana en situaciones tan reales como las que se dan únicamente en el seno familiar.

2. La familia y la educación cristiana actual

Debemos reconocer que la educación cristiana institucionalizada por la iglesia a través de su departamento llamado "Escuela Dominical" ha venido cumpliendo un papel valioso, ya que proporciona una educación bíblica sistemática a todos los miembros de la familia según las diferentes edades y la variedad de intereses y necesidades. Muchas iglesias también han realizado otras actividades que demuestran su preocupación por la problemática de la familia. Así, el concepto de familia y sus diferentes aspectos han sido tratados con frecuencia desde el púlpito, en clases bíblicas, charlas, cursos, etc.

Pero también, es cierto que el aula aún sigue ocupando el punto central de la educación en muchas iglesias. Tal como está planteada la educación cristiana en la actualidad, todos los esfuerzos se orientan hacia una buena programación, la hora de clase bien planificada, la mejor didáctica, la comunicación efectiva en la clase, etc.

Esta centralidad del aula (o de la hora de clase) se basa en el supuesto de que la educación formal es la más efectiva. Por lo tanto, el aula es considerada el lugar por excelencia para realizarla.

El perfeccionamiento de la hora formal de clase no es malo en sí. Lo peligroso es caer en su sacralización, atribuyéndole un poder ilimitado en desmedro de las otras posibilidades que tiene la educación. La clase no es un fin en sí: debemos utilizarla como lo que es —un instrumento. Hay que perfeccionarla, si, pero sin creer que dentro de sus limites se agota toda la misión educativa de la iglesia.

¿Y qué decir de los concursos por asistencia y otros recursos usados para incentivar a personas de diferentes edades concurrir a las clases? No hay duda que es necesario estimular a toda la familia a asistir a la Escuela Dominical para nutrirse de la enseñanza bíblica de acuerdo con la edad, capacidad, intereses y necesidades de cada persona. Pero hay peligro en propiciar aquella situación en que todos los miembros de la familia llegan juntos a la iglesia y en la puerta misma se separan para dirigirse cada uno a su clase y recibir su educación cristiana. Si la familia está satisfecha y cree recibir su cuota de educación cristiana fragmentándose para asistir a una hora de clase semanal, ha caído en la deformación de la responsabilidad educativa que Dios le asignó.

El sistema educativo no puede nutrirse de los miembros de la familia para justificar su existencia. A la inversa, toda la actividad educativa de la iglesia debe estar al servicio de la familia, institución que Dios mismo creó.

La hora de clase formal nos permite estructurar y transmitir la enseñanza bíblica, extraer principios y pensar en varias aplicaciones posibles, todo ello organizadamente. Pero no es más que una hora de clase, una situación irreal. Al salir el alumno deberá enfrentar situaciones no planeadas ni estructuradas como las de la clase.

Permitir que toda la educación cristiana se reduzca a la hora de clase acarrea un riesgo que Lawrence  Richards señala en su libro A Theology of Christian Education:
"...La situación de clase en sí misma tiene implicaciones peligrosas para la enseñanza de la Biblia. En nuestra cultura, el tratamiento de cualquier asunto en situación de clase lleva a los educandos a procesar ese contenido como cuestión académica. Y todo lo académico es visto como 'irreal', sea que se trate de experiencias vividas o de sentimientos, actitudes y valores. Esto es particularmente trágico para la educación cristiana. Comunicamos una verdad revelada que debe percibirse como vida e integrarse a la vida. Si nuestro método de comunicación no esta en armonía con el mensaje comunicado, entonces estamos distorsionando el mensaje mismo".[1]

Parafraseando a este autor podríamos decir que es trágico comunicar una verdad que es oída, exclusivamente en una situación estructurada, planificada. Debemos encontrar situaciones de la vida misma para realizar la educación cristiana, y es la vida en familia la que permitirá ampliar las posibilidades de la hora de clase y aplicar concretamente lo que allí se aprende.

¿Cómo podría implementarse entonces, un sistema de educación cristiana que incluya la hora de clase, pero que abarque también las demás horas de la vida? Creemos que la alternativa es un nuevo enfoque de la educación cristiana alrededor de la vida. No es necesario quitar lo ya existente, sino construir a su alrededor una labor más integral.

3. Educación cristiana centrada en la familia

Antes de iniciar cualquier cambio en el enfoque de la educación cristiana, es necesario que la iglesia logre que todos sus miembros tomen conciencia de la responsabilidad que cada familia tiene de educar. Si todas las familias y los maestros descubrieran la importancia de este principio bíblico, no habría más padres esperando que el maestro les componga al hijo o le enseñe todo lo relativo a la vida cristiana. Ni tampoco veríamos a tantos maestros desalentados o frustrados por no contar con el apoyo de los padres en la formación de los niños.

El autor antes mencionado dedica un capitulo al desarrollo de un programa educativo centrado en la familia.[2] En él enumera una serie de actividades que la iglesia puede realizar para dar a la educación cristiana un enfoque familiar. Mencionaremos aquí algunas de sus sugerencias que consideramos más relevantes.

Para a asesorar directamente a las familias, la iglesia puede hacer lo siguiente:

a) Brindar enseñanza bíblica clara y precisa acerca de la familia: su origen, propósitos de Dios al crearla, valores de la familia cristiana, relaciones maritales, relaciones entre padres e hijos, etc.

b) Enseñar a las familias a desarrollar el devocional familiar en forma sistemática y creativa

c) Orientar a los padres sobre características de niños y jóvenes. Proveerles de herramientas para conocer y comprender a sus propios hijos. Entrenarles para evaluar logros y para detectar posibles problemas

d) Proveer oportunidad para que se discuta y se asuma una postura frente a temas cruciales como la educación sexual, la disciplina en el hogar, el uso del dinero, los roles del hombre y la mujer en el hogar

e) Ayudar a descubrir la importancia de la recreación en la familia y enseñar a usar el tiempo creativamente

f) Desarrollar una tarea pastoral que atienda necesidades especiales de cada familia

g) Proveer bibliografía sobre temas familiares. Podría implementarse un plan sistemático por medio de guías de lecturas, concluyendo con una reunión para discutir el tema.

Algunas actividades para relacionar la enseñanza formal en la clase con todo el contexto de la vida cotidiana, podrían ser:

1) Reunión de padres y maestros con propósitos específicos tales como informarles acerca de los objetivos y el plan de estudios, dialogar acerca de las características de los niños de esa edad, evaluar los resultados de las clases y afianzar relaciones entre padres y maestros, creando puentes entre la clase y la familia

2) Entrega periódica de materiales a los padres, en los que se detallen los objetivos de ese período, incluyendo canciones que se aprenden en clase para cantar en el hogar, versos relacionados con la enseñanza para memorizar en familia, etc. Es importante informar a los padres sobre la enseñanza en la clase y sugerir posibles aplicaciones, ya que ellos están en mejor condición que los maestros para relacionar la enseñanza con la vida

3) Visitas periódicas del maestro a la familia de su alumno. Puede servir para informar a los padres acerca de las metas de la clase y también es una oportunidad para conocer al alumno individualmente y desarrollar relaciones afectivas. Hay muchas otras maneras de mejorar la educación cristiana extendiéndola desde las aulas de la iglesia para abarcar la vida de las personas en su totalidad. El departamento educativo de la iglesia creará en cada situación un programa propio según sus posibilidades y necesidades. Lo importante en cada caso será que la iglesia reconozca a la familia como el principal agente responsable de la educación cristiana y le ayude a través de sus departamentos a cumplir esa responsabilidad.

Iglesia y Misión, no.03, 1982; nota 10


 

NOTAS

1. A Theology of Christian Education, Zondervan, Grand Rapids, 1975, p.191.
2. Ver R. B. Zuck y Gene A. Getz, Adult Education in the Church, Moody Press, Chicago, 1970.

 
La Fundación Kairós es una organización sin fines de lucro cuyo objetivo es promover el discipulado cristiano y la misión integral entre las iglesias locales, desde una perspectiva evangélica y ecuménica con un enfoque contextual e interdisciplinario