Esta revista quiere ser vocero de una amplia red de personas, iglesias y entidades comprometidas con Jesucristo, con las cuales Kairós comparte su visión de discipulado y misión integral. Cada número es una invitación a la reflexión y a la acción, como dice el lema, "por el reino de Dios y su justicia".
Edición: 2006 # 1
Creo en Dios
Un legado de Arturo
Creo en Dios
Porque se hizo humano
Y se levantó temprano para ir a trabajar
Creo en Dios
Porque se hizo carpintero
Sabe lo qué es ser obrero y tener que transpirar
Creo en Dios
Porque amó a las prostitutas
Desechando a los reclutas de la religiosidad
Creo en Dios
Ese Dios tan proletario
Ese Dios que se hizo humano para venirme a salvar
Creo en Dios
Porque no es un moralista
Nunca jode a los artistas ni les dice que cantar
Creo en Dios
porque es Madre, porque es HIJO
porque es desaparecido de un gobierno militar
Creo en Dios
Porque usa mameluco
Y bendice a los trabucos que luchan por la libertad (1)
Jorge y Adriana Rivero
Un buen amigo es un hermano que se elige

Eso era Arturo para mí. Pocas veces uno encuentra personas así en su camino. Estoy seguro de que nunca más encontraré alguien igual. Podía andar a oscuras, en la miseria, quién sabe por qué lugar, tomar cualquier camino, hacerle frente a cualquier cosa, ¡qué importaba! Tenía a mi amigo fiel al lado. Nos encontramos en el momento justo. Curó mis heridas, me ayudó a caminar hasta que pude hacerlo solo y desde entonces anduvimos juntos diez años. Soñamos un espacio de libertad, un lugar donde no se acumulara poder, donde no hubiera jerarquías, donde hubiese fe y no religión.

Hugo Baspineiro
«Arturo, como hermano, fue fenomenal»

Siempre me tenía en cuenta, pensaba en mi bienestar en todo momento y disfrutaba al máximo de los momentos que yo le regalaba para estar juntos, porque yo temía salir de casa. Todas sus invitaciones recibían una negativa de mi parte. Aún así, Arturo no dejaba de alentarme a estudiar y salir adelante, y cuando fui creciendo recién comencé a aventurarme a salir con él, y él siempre hacía lo imposible para que yo la pasara bien. Así comencé a sentirme cada vez más seguro con él... Siempre lo admiré, y lo admiraré por el resto de mi vida.

René Padilla
Vender literatura con sentido de misión

Arturo Baspineiro trabajó con la Fundación Kairós por más de una década. Por varios años formó parte del equipo encargado de proyectos de ayuda social, incluyendo especialmente la construcción de viviendas. Por un tiempo fue el encargado de la promoción y las relaciones públicas. Por fin, cuando Ediciones Kairós tomó forma, ocupó el cargo de Jefe de Ventas.

David Paniagua
Tiempos inolvidables

En Salta compartí con Arturo tiempos inolvidables de nuestra adolescencia y juventud que fortalecieron nuestra amistad, no sólo por los sueños compartidos, sino también por las travesuras y locuras típicas de la edad. Arturo poseía un gran sentido del humor y la capacidad de cambiar todo con una sonrisa. Muchas veces amigos en común y hasta algunos pastores, misioneros y hermanos de la iglesia fueron víctimas de sus locuras y ocurrencias.

Edgardo Moffatt
Un sentimiento de pérdida inagotable

Hace poco más de tres años asumí la dirección de la revista Kairós con gran entusiasmo y esperanza. El desafío era poner al alcance de las iglesias locales una visión integrada de los ministerios de la Fundación Kairós, informando de lo que éstos hacen y producen, y de la capacitación que ofrecen. Entre los colaboradores de la revista estaba Arturo Baspineiro, quien no sólo escribía sino que distribuía la revista con dedicación y luego me acercaba las opiniones y comentarios que recibía de los lectores en sus frecuentes viajes por Argentina y América Latina. En esta tarea de soñar caminos de amor, paz y justicia de Dios para nuestro mundo, Arturo y yo nos hicimos amigos.


Voces del barrio

«No aflojés, Pachi»

Por Rubén Chávez, presidente de la Sociedad de Fomento «Gral San Martín»

Conocí a Arturo cuando se instaló en nuestro barrio de Villa Federal. Él me ayudó en muchas cosas que dejaron un saldo positivo. Una de ellas quedará para siempre marcada en mi vida y en la retina de todos los vecinos, chicos y grandes: cuando inauguramos un pabellón que se utiliza para nuestras fiestas patrias, él presidió la reunión con sabias palabras y sin ningún machete. Arturo me ayudó de muchas formas. Presidió actos y fiestas de toda índole que realizamos en nuestra institución. Si hoy estoy presidiendo la sociedad de fomento se lo debo en gran parte a él. Su fuerza y sus palabras me llegaron como las de mi madre: «No aflojés, Pachi, la sociedad de fomento te necesita. ¡Dale para adelante!». Siempre que solicitamos la solidaridad de «Fe y Vida», ahí estuvo. ¡Cuánto voy a sentir la falta de este hombre! Hasta la próxima reunión, Arturo. Siento tu guitarra y tu voz cantando la canción de la viejita salteña.

Maritza Vega
Después del 18 de marzo

A cada momento recuerdo a Arturo en sus últimos minutos de vida. No pensé que la vida de Arturo terminaría a los 41 años. Los dos soñábamos con envejecer juntos, con crecer junto con nuestros hijos... Muchas veces Arturo les preguntaba a los chicos: «¿Quién me va a cuidar cuando sea viejito?», y todos levantaban la mano y decían: «¡Yo papi! ¡yo papi!» Me pregunto: ¿por qué?, ¡si era una persona tan especial! Él me decía que era un siervo de Dios y que su misión era servir al prójimo...

Edgardo Moffatt
Apalabrar la vida en papel y tinta

Charlar con Arturo era para mí placer y lucha. Nos embarcábamos regularmente en diálogos y discusiones, entre afligidos y esperanzados, ante la necesidad de repensar nuestro dolorido mundo según la práctica liberadora de Jesús.

Juan José Barreda Toscano
Una lectura teológica de la vida de un amigo

Es como que lo soñó y dejó todo para que suceda. Partió en el mejor momento de la vida. Aquel en el que los frutos maduran, en el que emana un profundo aliento para dar vida. Partió en esos tiempos en los que nunca se puede partir, y al hacerlo, dejó la eternidad en las vidas de quienes confesamos: «Es de las personas que nunca mueren».